Durante más de dos décadas, el fotógrafo Alberto Bouzón Tirado ha recorrido El Rompido cámara en mano, guiado por una relación profunda con el lugar y fascinado por su luz única. Esta exposición reúne una selección de imágenes tomadas en distintas estaciones, horarios y técnicas —desde el espectro completo hasta el infrarrojo—, muchas de ellas captadas durante la marea baja, cuando el paisaje se descubre y el tiempo parece detenerse.
El hilo conductor de la muestra es la luz: plena, envolvente y constante, incluso cuando la marea se retira. A las fotografías digitales se suman piezas realizadas mediante cianotipia, un proceso fotográfico artesanal que añade una dimensión táctil y atemporal al conjunto.
Una mirada íntima y pausada a El Rompido, donde la belleza persiste y la luz nunca cesa
En esta primera sección, el visitante se encuentra con el alma del litoral: la playa de El Rompido en momentos de marea baja. Las pateras varadas, los botes dormidos en la arena y los reflejos extendidos sobre la superficie húmeda revelan un paisaje que solo se deja ver cuando el agua se retira. La luz —esa luz plena que da título a la muestra— se convierte en protagonista, resaltando texturas, sombras suaves y una atmósfera de calma suspendida.
La segunda zona está dedicada a las dos torres luminosas que custodian el Rompido. El faro nuevo, alto y esbelto, con una mirada que alcanza desde Punta Umbría hasta Ayamonte, encarna la precisión técnica y la modernidad. Frente a él, el faro antiguo, de estética casi literaria, evoca imágenes de novelas de aventuras y mares remotos. Juntos construyen un diálogo entre pasado y presente, vigía y memoria, y se convierten en símbolos verticales dentro de una tierra marcada por la horizontalidad del mar y la marisma.
La tercera sección invita a explorar las orillas cambiantes del río Piedras y sus ecosistemas asociados. Desde las playas del Nuevo Portil hasta las marismas de San Miguel o la “otra banda” —como los rompieros llaman a la Flecha—, estas imágenes recogen el aliento lento del agua salobre, la geometría natural de los caños, y la vida que habita estos paisajes fluctuantes. Aquí, la fotografía capta el ritmo propio de las mareas, la belleza del espacio intermedio donde tierra y agua se abrazan.
La exposición culmina con una selección de cianotipias: obras únicas elaboradas artesanalmente mediante una antigua técnica fotográfica nacida en el siglo XIX. El característico azul prusiano impregna estas piezas de una atmósfera onírica y atemporal, donde la imagen se transforma en objeto. Este proceso —que combina la luz, el papel y la química con la mano del autor— representa la dimensión más íntima y experimental del proyecto. Cada cianotipia es, en sí misma, una pequeña reliquia de luz impresa.
Este recorrido por «El Rompido: marea baja, luz plena» es también una invitación a mirar despacio, a detenerse en los detalles, y a dejarse llevar por una geografía afectiva donde la imagen es memoria, emoción y celebración del instante.
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INAUGURACIÓN: C.I EL FARO (EL ROMPIDO)
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